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En
1985, una crisis de crecimiento motivó la aparición, en Turdera, de la
"Comunidad Apostólica Tercer Milenio". Un grupo de personas con ganas
de emprender diversas iniciativas en orden a la pastoral juvenil. En
Tercer Milenio floreció "Adveniat", con la música religiosa. Había una
revista, un grupo juvenil (Jóvenes para la Civilización del amor) y
otras ideas y proyectos. Entre ellas, la de un grupo que se
especializara en pastoral vacacional: algo para los jóvenes
en su tiempo de vacaciones.
En
1986 se dieron dos o tres cosas juntas, que hicieron camino: una
proyectada travesía de Lanín a Monte Olivia, la "Travesía Saihueque".
Era una idea que convocaba a quienes quisieran hacer una expedición
grande de caminar el bosque andino patagónico. Quedó en una primera
etapa de planificación y juntada de antecedentes. Por otro lado, se
canceló el campamento IVP a Bariloche, por razones presupuestarias. Y
en tercer término, algunos chicos (Leo Torcianti, Marcelo Robles,
entre otros) me propusieron que los llevara a Bariloche en mi viaje
anual. Acepté, sin saber claramente, en aquél momento, que estaba
dando fundación al Campamento Andino Saihueque. Por causa de la
travesía, y como homenaje al pueblo mapuche, llamé a ese campamento (que
tendría lugar en enero de 1987) Campamento Saihueque. Sin el "Andino",
que fue un agregado posterior. Y se incorporaron otros chicos: los
hermanos Marcos y Jose Luis Luccisano, Marcelo Papola, Guillermo Roca,
Sebastián Papini, Marcelo Laguna, Ricardo Harvey, Omar Orozco, Marcelo
Marelli, Mariano Marcos Remón y Marcelo Flacco, que compartía conmigo
la responsabilidad de la conducción de aquél primer campamento. De los
dos originales, Leandro había desistido. Fue un campamento "para esos
chicos". No tenía idea de continuidad. Recién durante 1987 surgió el
propósito de convertir la idea en un proyecto concreto: una comunidad
de servicio para organizar campamentos para todos aquellos que no
tenían oportunidad de participar en alguno. Se le agregó la palabra
Andino (para armar una sigla que pudiera nombrarse, y para definir la
característica de nuestras acampadas) y se confirmó la realización del
CAS 88 como Campamento Escuela. Participaron los mismos chicos del CAS
87, con algunas altas y algunas bajas. En 1989, nuestro campamento ya
había incorporado acampantes, y los antiguos alumnos pasaron a ser los
guías, jefes de campamento base y loncos. El CAS 90 tuvo una
particularidad: se nos agregaron las promociones del IVP. Fué el
primer campamento "masivo", con 130 acampantes. El CAS 91 inauguró una
costumbre que siguió hasta 1996: la de celebrar dos quincenas, dada la
cantidad de gente que se daba cita en nuestros grupos. Sin tener en
cuenta las repeticiones (sea: considerando la totalidad de gente que
participó en cada campamento-quincena) llevamos, en estos años, unas
1600 personas a Bariloche. E hicimos 19 campamentos (teniendo en
cuenta que consideramos a cada quincena como un campamento aparte). En
1997, por causa de la "epidemia" de Hantavirus, tuvimos que hacer el
campamento en Barreal, San Juan. Y salió bárbaro.
20
años son muy pocos en la historia de una institución. Pero han sido
estos 20 años un tiempo de mucha actividad. Tenemos hoy muchas cosas
ni soñadas en aquél CAS 87: muchas carpas, infraestructura completa,
sistema de comunicaciones VHF Campamento Base-Grupos; la Escuela de
Capacitación por la que han pasado mas de 140 personas, muchas de las
cuales han sido y son los guías y dirigentes de nuestros grupos;
cantidad de fotos, mapas y material didáctico, el Manual del Guía,
obra realizada con la colaboración de muchos, y que significa un sueño
cumplido; todo un esquema de Normas y Procedimientos que contempla
casi la totalidad de las situaciones que se pueden dar; el Trabún Mapu,
el reglamento de Dirigentes, el Estatuto Social. El nuevo diseño de
excursiones en Bariloche, incorporando a las excursiones clásicas
numerosas excursiones nuevas: el Co. López por la picada de los
Palotinos; el Co. Navidad, la travesía Jakob-Negra; Jakob Mascardi por
Casalata y por Fresco; las Lagunas Azul e Ilón; el refugio Tronador;
la Travesía Colonia Suiza-Pampa Linda, la Travesía Laguna Azul, Ilón
Pampa Linda, la zona de Chalhuaco y otras...
Tenemos también el Secretariado funcionando a pleno; diversos grupos
que trabajan todo el año; un mejorado sistema sanitario; un archivo
fotográfico; una naciente biblioteca. Tenemos un prestigio bien ganado
a partir de no dar "historias" a la Comisión de Auxilio, y antes bien
colaborar con nuestra gente y equipos en alguna Comisión, en grupos y
personas perdidos, en los incendios del año 1996. Hemos realizado
campañas ecológicas mediante la colocación de carteles. Algunos de
nuestros acampantes y dirigentes han sido refugieros en refugios del
Club Andino Bariloche. En fin: bastante, para estos cortos años.
Pero
lo importante de este tiempo es, sin duda, lo que no se ve. Y me
refiero a lo que han sentido, vibrado, con el corazón a mil, los
chicos y las chicas; dirigentes y acampantes, a través de nuestros
campamentos. El CAS ha sido una porción significativa en el
crecimiento de muchos jóvenes. Algunos han encontrado en el CAS una
vocación, una pareja, una manera de vivir. El CAS ha dado valores; ha
dado a muchos la oportunidad de conocer a Dios.
Por
todo lo expuesto, estos pocos años son un motivo más que valedero para
nuestra acción de gracias. Y es también tiempo de reafirmar el sentido
de nuestra Institución. Que es de Dios, y como a todas las cosas de
Dios, es necesario dejarlas desplegarse para discernir lo que Dios
quiere de ellas.
El Cas
es, primero que nada, la continuidad de algo que no puede ni debe
morir: el papel protagónico de la Iglesia al crear y difundir la
Pastoral de Campamentos. Por eso nos llamamos CAS.
Campamento por nuestra opción por la vida al aire libre, allí donde
todo gesto debe ser servicio, donde toda palabra debe ser aliento,
donde toda mirada debe ser amistad. Donde lo sencillo, lo cotidiano,
se vuelve signo del valor de la vida comunitaria. Donde el fogón
invita a la confidencia; donde la guitarra invita a la emoción.
Andino
porque hemos hecho una opción profunda por nuestras montañas, y de
manera muy especial por nuestras montañas de Bariloche. En la
cordillera Dios se nos hace presente y nos habla en un lenguaje que
entendemos muy bien. En la cordillera nos enfrentamos a cada momento
al desafío de la ascensión constante, que nos enseña que nada, nada en
la vida, se logra sin esfuerzo, y que el doblemente valioso aquello
que hemos logrado a través de nuestro esfuerzo. Y en la cordillera,
por fin, se nos hace sencillo entender que la vida es algo hermoso,
que debe ser celebrado a cada momento a ritmo de fiesta.
Saihueque, en fin, porque sigue vivo nuestro homenaje a los "dueños de
la tierra"; a la nación Mapuche que nació, creció, soñó, luchó y
sufrió en esos paisajes que le fueran arrebatados, pese a que eran
suyos. Y en los aborígenes desplazados, rendimos homenaje y nos
comprometemos con todos los desposeídos, de todos los tiempos, de
todos los lugares.
Catorce años son muy pocos, pero como se dice comúnmente, son el
comienzo de muchos más. Agradezco a todos los que hicieron posible,
con su presencia, su creatividad y su trabajo, estos trece primeros
años. Y los convoco a todos a seguir construyendo el CAS, que es otra
forma de construir la Iglesia. |